El robo de una campana en la ermita de San Asentzio, en Elgeta, en 2023 fue calificado en este periódico como un hecho sorprendente. En noviembre del año pasado le tocó a la de San Salbador, en Eibar. Ni su ubicación impidió el esmerado trabajo de los cacos. Y en lo que va de año han desaparecido otras tres en Eibar, Zestoa y Zarautz. Hemos visto desaparecer también estos días el busto del arrantzale zumaiarra Bixente ‘Tximu’. Todas ellas, piezas de bronce, una aleación rica en cobre, que es lo que cotiza.
Nos habíamos acostumbrado ya a los robos de cableado, pero basta con indagar un poco para comprobar que no se paga igual un material que otro. Si el cobre de cable con aislamiento puede valer entre 2 y 6 euros el kilo, el cobre limpio puede alcanzar los 9 o 10 euros. El bronce cotiza algo por debajo, pero sigue teniendo suficiente valor como para despertar el interés de los ladrones. Así, una campana de unos 50 kilos podría reportar entre 250 y 350 euros como chatarra. Las de las ermitas suelen pesar entre 30 y 150 kilos.
Lo que antes parecía impensable se normaliza. Hoy son campanas de ermitas. Mañana quizás sean las de una parroquia. Pasado, quién sabe. Yo, de momento, sigo quedándome de piedra. Y visto lo visto, casi es una suerte, porque aún no cotiza bien en el mercado de la chatarra.




