«Abrir la puerta de un caserío es abrir la puerta a otro mundo»

ENBA inaugura una nueva edición de ‘Ongi etorri baserrira!’, una iniciativa que acerca el mundo rural a la ciudadanía a través de visitas guiadas a explotaciones agrarias y ganaderas de Euskadi

Hay lugares que solo se entienden cuando se pisan. El caserío Urki, en Beizama, es uno de ellos. Entre prados, vacas y cerdos, una decena de personas ha descubierto este viernes que detrás de cada filete, de cada queso o de cada litro de leche hay mucho más que un producto: hay una forma de vida. «Conocer un caserío de esta forma te abre otro mundo», ha sido el comentario generalizado entre los asistentes.

ENBA ha puesto en marcha un año más Ongi etorri baserrira!, un programa con el que diferentes caseríos de Euskadi abren sus puertas para acercar el mundo rural a la ciudadanía. Entre hoy y mañana, las jornadas reunirán a más de 400 personas, que se dividirán en 14 diferentes visitas. Uno de los protagonistas de la primera jornada ha sido Jon Arruti (Beizama, 1966), que ha vuelto a recibir visitantes en la casa que le vio nacer y en la que sigue trabajando cada día. Cuatro familias, una decena de personas en total, han recorrido junto a él una explotación en la que conviven alrededor de 120 cerdos y 60 vacas de carne.

«La diferencia entre una carne de caserío ecológico la nota hasta un niño de tres años»

Jon Arruti – Caserío Urki

Arruti ha recibido a los visitantes de manera natural, acompañado por Tor, su inseparable perro y compañero de trabajo. El de Beizama no busca vender una imagen idealizada del caserío, sino enseñar cómo es realmente su trabajo. «Aquí no hay secretos», ha explicado rápidamente al grupo. «No puedo decir que mis cerdos comen bellota todo el año, porque no hay bellotas todo el año. Mis cerdos comen pienso y lo que se encuentren en el prado». Los visitantes han conocido de primera mano cómo es trabajar con cerdos mientras recorrían los cercados donde conviven durante cinco meses. Tras ese periodo, el baserritarra ha explicado que los envían al matadero, antes de iniciar un nuevo ciclo de cría de estos animales.

Jon Arruti, explica cómo trabaja su explotación de cerdos. Ruben Plaza

Durante la visita no han faltado preguntas. ¿Sabes si la carne de una vaca será buena a simple vista? o ¿dónde se nota más si es de caserío, en la carne de cerdo o de vaca?. Arruti, mientras daba las explicaciones, ha aprovechado para reivindicar el valor del producto local: «La diferencia entre una carne de caserío ecológico la nota hasta un niño de tres años». “Conocer el trabajo diario con 120 cerdos y 60 vacas viene bien para valorar después la carne que compramos», ha subrayado.

Niños

Los más pequeños, por su parte, han vivido la experiencia de otra manera. Mientras observaban cómo los cerdos se revolcaban en el barro o se acercaban con curiosidad a las vacas, no han dudado en interrumpir las explicaciones de Arruti con una pregunta que ha provocado las sonrisas del grupo: ¿Puedo darles de comer?. Minutos después, cubos de pienso en mano, los niños han participado en una tarea que para Arruti forma parte de la rutina diaria.

Visitas de hoy

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El ganadero, que fue el primer presidente de ENBA y hoy trabaja con la cooperativa Basatxerri además de dedicarse a la mejora genética de su ganado, ha aprovechado la visita para hablar de la situación del sector. «Llevo toda mi vida en esto porque me apasiona, pero cada vez estamos más apretados», ha reconocido. Aun así, sigue convencido de que merece la pena abrir las puertas del caserío. «A veces nos dejamos engañar por campañas publicitarias en los supermercados e iniciativas como esta dan a conocer nuestro verdadero valor», ha asegurado.

«Para los baserritarras la ciudad está cerca, pero para la gente de ciudad, la mayoría de veces el mundo rural es muy lejano»

Jon Arruti – Caserío Urki

Qué porcentaje del animal se aprovecha para carne o durante cuánto tiempo los cría han sido algunos de los aspectos que ha desarrollado el baserritarra durante la visita. Entre explicación y explicación, sin embargo, también ha habido tiempo para las anécdotas. Arruti ha recordado el intento de robo que sufrió su perro Tor y el ataque de un grupo de buitres a un ternero recién nacido, historias que ayudan a los visitantes a descubrir una realidad muy distinta de la que imaginaban.

Un padre junto a su hija da de comer a una vaca. Ruben Plaza

El mundo rural se centra principalmente en el presente, pero la visita ha terminado inevitablemente hablando del futuro del primer sector y, también, del caserío Urki. «Tengo tres hijos, pero de momento ninguno tiene intención de tomar mi relevo», ha afirmado Arruti. Aun así, no pierde el optimismo y ha resumido el objetivo de jornadas como esta con una reflexión: «Para los baserritarras la ciudad está cerca, pero para la gente de ciudad, la mayoría de veces el mundo rural es muy lejano».

Tras la visita guiada, la jornada ha terminado con un taller de elaboración de hamburguesas utilizando la carne producida en el propio caserío. Una forma de cerrar la experiencia uniendo el trabajo diario de la explotación con el producto que finalmente llega al plato. Porque, a veces, el mundo rural está mucho más cerca de lo que creemos.